Este tema siempre es bastante polémico porque genera toda una serie de opiniones y nunca sabemos muy bien cuáles son las adecuadas: por una parte, el hecho de que un animal se cría en cautividad puede ser motivo de toda una serie de implicaciones éticas. Se puede llegar a pensar que esto es algo que no se debería de hacer en ningún ser vivo, que el hecho de vivir en cautividad prácticamente es como estar en una prisión, por mucho que te puedan tratar como un rey.

Sin embargo, bien es sabido que la esperanza de vida de los animales aumenta en el momento en el que están en cautividad. Un ejemplo, si un conejo está en el campo, es mucho más probable que pueda morir de manos de un depredador o de una enfermedad, que el hecho de que esté en una casa bien atendido, pero encerrado en una jaula.

Aquí se nos plantea la clásica pregunta de si vale la pena pasar una vida encerrado, o bien vivir una vida corta, pero libre.

La esperanza de vida de los animales en cautividad es mucho más elevada pero no sabemos hasta qué punto esto merece o no la pena.

Porque no todo iba a ser hablar de viajes.

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